domingo, 26 de julio de 2009

Las manos quietas



1. Hacia 1867, el doctor Henry Maudsley, eminente psiquiatra inglés, describió a la masturbación como una “desagradable forma de insania [que] viene caracterizada por un intenso egocentrismo y presunción, extrema perversión de los sentidos y el correspondiente desarreglo mental, todo ello en las fases tempranas, y más tarde por el derrumbe de la inteligencia, las alucinaciones nocturnas y las tendencias suicidarias y homicidas.”




2.En 1894, el doctor Pouillet habló de inventar un “cinturón contentivo”, para que las mujeres no pudieran “manipular sus genitales”. Se trataba de un “aparato ligero y bien condicionado que tapara herméticamente el orificio vulvario, y que con los muslos poco abiertos, se cuidara de dejar una pequeña abertura para el paso de la orina y de la menstruación, lo que devendría [consideraba él] en un señalado maltrato a las masturbadoras.”



3. En 1895, el doctor Spratling concluyó que “seccionar completamente los nervios dorsales del pene [era] un tratamiento racional para la constante rutina masturbatoria, pero quizás demasiado radical”. A esa práctica, que los sacerdotes católicos, en un instante de luminosidad, han llamado “el vicio solitario” (un término que también pudiera aplicarse, digamos, a la lectura) corresponden tan venerables opiniones científicas. No fueron las únicas: el siglo XIX fue especialmente propenso a justificar los prejuicios a través de argumentaciones médicas. El mismo John Harvey Kellogg (creador de las hojuelas de maíz que llevan su apellido), siendo un respetado galeno, aconsejaba acabar con las caricias masturbatorias a través de la circuncisión “sin anestesia, ya que el breve dolor durante la operación tendrá un efecto saludable sobre la mente, sobre todo si está asociado a la idea de castigo”. La sola lectura de esas consideraciones sería suficiente para comer cereales Maizoro por el resto de nuestra vida.



4. En un librito publicado por el YMCA en 18 ediciones (y recomendado por los boy scouts en 1927) leemos lo siguiente:

Puesto que este acto se repite cada semana o, en algunos casos extremos, cada día o cada dos días, el joven siente que se diluyen las bases de su hombría. Advierte que sus músculos están cada vez más fláccidos, que su espalda se debilita, y al cabo de un tiempo tiene los ojos hundidos y sin brillo, y las manos húmedas; es incapaz de mirar a nadie a la cara. Cuando el joven se hace consciente de su debilidad, pierde confianza, se niega a tomar parte en deportes atléticos, evita la compañía de sus amigas y se convierte en una nulidad en la vida atlética y social de la comunidad. En cuanto a sus calificaciones escolares, puede tener éxito en los estudios durante algunos años, pero finalmente le empieza a fallar la memoria y en el momento en que intenta prepararse para realizar un trabajo útil, advierte de pronto que su mente está tan fláccida como sus músculos, que le falta fuerza, originalidad y capacidad para pensar.


Cualquier muchacho sabe que hay que evitar cualquier cosa que le perturbe. Os ayudará a ello el lanzaros a un juego enérgico, trabajar en algún tiempo absorbente, esforzaros en mantenernos fieles a vuestros propios ideales. Aquí el scoutismo será vuestro aliado, si cumplís el décimo punto de la ley scout: “Un Scout es limpio” (De la edición de 1959).





5. Don Antonio Manuel Carreño, autor del Manual de urbanidad y buenas maneras para uso de la juventud de ambos sexos, por otro lado en su artículo II (“Del acto de acostarnos y de nuestros deberes durante la noche”) considera que: “También es mal hábito ejecutar durante el sueño movimientos fuertes, que a veces hacen caer al suelo la ropa de la cama que nos cubre, y que nos hace tomar posiciones chocantes y contrarias a la honestidad y el decoro.”



6. Fue hasta 1972, cuando la American Medical Association calificó como “normal” a la masturbación.


(Información incluida en los libros Mujeres arriba, Diccionario Filosófico y Amor perdido, de Nancy Friday, Fernando Savater y Carlos Monsiváis, respectivamente).



PLUS: Consejos cristianos para dejar de masturbarse.

1 comentario:

Eunice dijo...

he pecado (entré al baño para leer y olvidé el verdadero propòsito de mi visita a aquél lugar)