jueves, 4 de marzo de 2010

Todo lo que usted quería saber de la Expo Sexo (2)


EL PORNO A RAS DE SUELO

Cualquier espectáculo en el Palacio de los Deportes ha estado custodiado por un ejército de cámaras. Ves la pantallita y comprendes la esencia del porno: los desnudos reales son efímeros. Lo importante es el archivo de video.

Luis y yo nos alejamos del show de los strippers tan solo para ver cómo es el mundo común y corriente. Cuando has dejado de ver hacia los escenarios, te das cuenta que no todos los cuerpos pueden ser importados de Las Vegas.


En una esquina, Pricasso hace una de sus demostraciones. En un lugar como la Expo, hasta un viejo que parece Tom Wolfe puede tener un público numeroso. ¿Qué atractivo habrá en un hombre al que todo el tiempo le andas viendo su deteriorado trasero mientras trabaja? No lo sé, pero un grupo de fans lo observa extasiado. Lo único que sucede en el escenario es que este australiano de 56 años está pintando con su pene a un par de mujeres que posan como si ahí se estuviera gestando La Gioconda. El auditorio no deja de celebrar que los rostros se parezcan. Otra de las esencias del porno: que la chica de la imagen termine pareciéndose a alguien que conozcas.


El problema de eventos sobre sexo es que no sabes qué esperar de las mujeres que asisten. Luis y yo nos topamos con un par de chicas verdaderamente guapas, que nos preguntan por el lugar donde venden la lencería.

“¿Ustedes…”, les decimos, “pertenecen a este Business, verdad?”

Una de las mujeres me da un golpe con una bolsa.

“¡Hey, entiéndannos!”, les grita Luis mientras las vemos alejarse, “¡no pueden estar tan buenas y no estar en este negocio!”

Sólo alcanzo a responder mientras me froto el brazo: “En esa bolsa había plástico más resistente que en un juguete para preescolar”.


Hay algo terriblemente liberador en que vayas entre pasillos atestados de gente y de repente, puedas detenerte a ver una película porno. Era tu sueño adolescente en el centro comercial. El local vende unos fármacos metidos en cajas mal impresas. Si nadie en esa compañía tuvo la molestia de verificar los registros de los colores, no querrías averiguar si revisó la calidad de sus pastillas. Un rápido recorrido por locales que promueven milagros similares –sexuales y no sexuales- a lo largo de esta y otras expos, te da una idea de los ideales humanos: tardar más, ser más flaco, lucir más joven, la piel más blanca, quitarse el acné. Finalmente, el total de esos ideales tiene que ver con querer llevarse a alguien a la cama.

Algo está mal cuando las chicas en látex y que están dispuestas a tomarse una foto contigo mientras te acarician el pecho, son más feas que las novias de los asistentes a la Expo. Sí, un poco de piel expuesta hace que las voltees a ver, pero un segundo después uno se aleja de ellas, como si huyera de la mamá de Lucero. Ángeles, cuerpos pintados, disfraces de escolares. El chiste es que la fantasía se asentara a nivel de cancha, tan sólo para darte cuenta que no luce igual a como la imaginabas.

Paso junto al supuesto casting porno. En la puerta, sólo hay dos mujeres con la cara tapada como musulmanas que te invitan a ingresar. Una rápida revisión a esos cuerpos y uno comprende por qué se dedica a cosas como a editar revistas independientes y no al negocio de los videos XXX. A lo lejos otro show –este llamado El Burdel Francés- muestra un escenario vacío, un letrero y un centenar de asistentes que no saben a ciencia cierta qué va a suceder en ese espacio. No me quedo a averiguarlo.


El Twitter de la Expo dice que la asistencia fue de 25 mil personas en los dos primeros días y no lo pongo en tela de juicio. Uno sabe que está en la llamada ciudad más poblada del mundo cuando intenta ir a contracorriente y solo encuentras filas y filas de espera para fotografiarse con las estrellas porno. Entonces el dato tiene un fundamento empírico, como cuando tratas de tomar un taxi en el aeropuerto o cuando un señor de cuarenta años te toma de la mano, mientras la marea de gente lo arrastra hacia la salida.

-Coño – se disculpa-. Pensé que era mi mujer.

(¿Cuál era la proporción entre hombres y mujeres que asistieron?, me pregunta un amigo, al otro día en Minería. Debiera tener ese dato, pero me sucedió como en las pornos: intenté ver sólo a las mujeres).